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Mi opinión sobre “Caracas, ciudad de despedidas”

Desde ayer 3 de mayo de 2012, se encendió en las redes sociales una espiral de críticas y de insultos sobre un video titulado “Caracas, ciudad de despedidas” que hasta hace poco estuvo disponible en YouTube y que dura poco más de 17 minutos. Para quienes no lo han visto: recoge testimonios de un puñado de jóvenes de clase media o clase media alta o clase alta -no puedo saberlo con certeza- que reconocen que aunque se han criado en Caracas, todos quieren vivir en otra parte o al menos han pensado en hacerlo. Algunos de ellos se expresan en términos muy duros sobre la vida en la ciudad. Todos hablan desde una visión de la capital venezolana, de sus problemas y de su historia muy reducida, tan reducida como (poco más de un par de los entrevistados lo reconoce) ha sido su vivencia de ella, restringida a unos pocos kilómetros, a una educación privada, etc.

Entre las reacciones que he visto en Twitter, he visto un rango que va desde los que los califican de idiotas, de niñitos de papá sin nada en la cabeza, hasta gente que dice que si son tan imbéciles más bien le harán un favor al país si en efecto emigran, e incluso quienes han dicho que si se los encuentran en la calle les caerían a balazos.

Ante esa situación, paso a expresar mi opinión en este espacio por tres razones. Una, porque toca un tema directamente vinculado con el ánimo mayoritario, me atrevería a decir, que existe en la ciudad de Caracas sobre el modo en que se vive en ella, un ánimo en el que predominan el descontento, la impaciencia y la ira. Dos, porque se refiere a un asunto que me parece muy relevante pero del que poco nos atrevemos a hablar en Venezuela: la emigración, que no es importante en términos cuantitativos frente a nuestros vecinos pero sí en términos cualitativos por la calidad profesional de la mayoría de los emigrantes. Y tres, porque dos de los muchachos entrevistados, dos de quienes han sido insultados ayer y hoy por cientos de personas que no los conocen, han sido alumnos míos.

Digo esto último porque es algo por lo que muchos desestimarán el juicio que voy a emitir a continuación y justamente por eso no quiero ocultarlo. Advierto de entrada que en este blog publico todo comentario que no contenga injurias, ni hacia mí ni hacia nadie: ya hay demasiadas en la arena pública venezolana y demasiadas en Internet.

En primer lugar, como periodista me parece un video bastante amateur, con nivel estudiantil pero no profesional, que no merece el nombre de documental y que toca un tema muy sensible sin datos, sin contexto, sin narrativa y sin una muestra representativa de lo que es la sociedad caraqueña. Esos muchachos representan, yo también lo creo, a un sector socioeconómico minoritario. Tienen la misma edad que los que al otro lado del espectro socioeconómico matan y mueren a montones en las áreas pobres.

Como habitante de Caracas, no me parece que transmitan una visión de la ciudad que trascienda los lugares comunes que mucha gente tiene sobre ella. Uno no sólo puede sacar conclusiones sobre lo que sobrevivió a la edición del video y según eso lo que ellos dicen, salvo algunos pocos matices, no refleja sino el desconocimiento que ellos (como creo que la mayoría de los cuatro millones que vivimos aquí) tiene sobre por qué esta ciudad disfunciona de esta manera. Dicen que es violenta, ruidosa y desordenada, algo con lo que estoy de acuerdo. Yo monté un blog para pensar, aprender y escribir sobre por qué eso es así; otros hacen activismo, gestión pública, arquitectura, urbanismo o investigación; la mayoría, igual que ellos, solamente se queja.

Como venezolano, creo que ellos plantean algo legítimo: el deseo de irse. Yo también, como ellos, he tenido que despedir a mucha gente. Creo que cualquier persona posee o debe poseer el derecho de elegir quedarse en su país (en éste o en cualquiera) o de irse de él adonde quiera y/o pueda. Es un derecho humano universal, de hecho: tener una nacionalidad. No me parece en absoluto un acto de cobardía marcharse de un país con 19.000 homicidios en 2011, ni tampoco me parece que lo sea decidir quedarse en él, sea porque no se puede emigrar o porque simplemente no se quiere.

Finalmente, como ciudadano demócrata y que cree en la libertad humana, tanto de desplazamiento como de pensamiento y opinión, me parece aterrador, espantoso, inmensamente reprobable que esos muchachos (tanto los realizadores del video como los entrevistados) estén siendo atacados verbalmente de esa manera. Que uno no esté de acuerdo con el modo en que fue hecho el video o el modo en que ellos se expresan no otorga el derecho a injuriarlos ni a amenazarlos. No es un crimen querer irse de Caracas o de París o de Washington DC o de Kuala Lumpur. Crimen es mandar a la cárcel a alguien inocente, robarse el dinero público, declarar oficialmente loco a un agricultor que hace una huelga de hambre para que le devuelvan su tierra; crimen es matar, robar, secuestrar. Y no sé si los que han prometido violencia a esos muchachos se la han prometido también a quienes han hecho y hacen cosas indudablemente peores que decir que, me perdonan el tecnicismo, “Caracas es una mierda”.

La reacción que ha provocado ese video mediocre y esa imprudencia de esos jóvenes tan poco conscientes de cómo debe uno referirse en público a un tema colectivo y delicado ha terminado por sepultar, para mí, el contenido de “Caracas, ciudad de despedidas”. Lo que me revela, tristemente no por primera vez, es la tenebrosa facilidad con que en este país alguien es capaz de injuriar y de amenazar a otro por un motivo tan fútil como éste. La reacción que ha habido da cuenta de la magnitud que la cultura de la violencia ha tomado entre nosotros, porque la violencia también es verbal. Si alguno de esos muchachos había dudado sobre si emigrar o no, entre ayer y hoy les han dado un tremendo impulso para bajar, cuanto antes, al aeropuerto, confirmando todos los prejuicios que ellos han podido albergar sobre quienes habitamos Caracas.

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