Fallas de Hidrocapital obligan al acopio de agua en hogares caraqueños

Foto:  Hirsaid Gómez

Caracas.- Este 14 de junio, caraqueños de distintos puntos de la ciudad asistieron a la sede Hidrocapital —ubicada en Maripérez— con una misma queja: falta de agua. Bajo el sol del mediodía, las personas gritaban “queremos agua” a las afueras de la filial de Hidroven, ente adscrito al ministerio de Ecosocialismo y Aguas, que hoy se dividió en dos carteras ministeriales.

La respuesta oficial que ofreció un funcionario de la hidrológica fue que las condiciones climáticas impactan negativamente en el abastecimiento de los embalses que surten Caracas. “Nos van a venir a inventar que es la sequía. Así fue con (el fenómeno) El Niño, que le echaron la culpa, cuando la culpa la tiene ‘el niño Maduro’ que no sirve pa’ un c…”, soltó Yuneisy García a las afueras de la sede.

Desde que José Vicente Rangel Ávalos volvió a la alcaldía de Sucre, los servicios públicos desmejoraron en su municipio, incluyendo el de agua, confesó. “Antes nos decían, en el Imas (Instituto municipal de Aguas de Sucre), que era culpa de (Carlos) Ocariz, que era una cuestión política. Ahora con ‘papi papi’ estamos peor. Antes reclamábamos en el Imas y nos prestaban atención. Ya no”, explicó García. Reconoció que no ve mejoras desde diciembre de 2017.

FOTO: Hirsaid Gómez.

La mujer de 32 años vive en el sector La Bombilla, al norte del barrio Petare, donde hace tres meses y medio atestiguó un brote de sarna en niños que no desaparece. La última cisterna que la comunidad fue capaz de contratar  costó 5 millones de bolívares, cuatro meses atrás. García ya no puede aportar económicamente para el servicio que hoy cuesta 10 millones. En cambio, sube a diario al sector 24 de Marzo donde se encuentra una toma de agua. Allí, llena tres pimpinas, la cantidad que la misma comunidad acordó por persona.

“Si no es así no tengo agua porque comprar los botellones de agua no existe. Están como en 400.000 bolos. Yo necesito esa agua porque somos una familia grande, de ocho, con cinco niños pequeños, hay que bañarlos, lavarles los dientes, para la comida, todo”, narró. Como García, Darwin D’Achardy asistió a la protesta de este 14 de junio. Era uno de los pocos hombres presentes, junto a los concejales Jesús Armas (Libertador), Andrés Schloeter (Sucre) y el dirigente político Gabriel Santana (Chacao).

D’Achardy puede enumerar, con una mano, las veces que se ha bañado en una ducha desde hace ocho meses, cuando el servicio de agua en la parroquia Candelaria pasó a distribuirse apenas un día a la semana. “Cinco días, los llevo contados”, dijo con una sonrisa que desdibuja su evidente inconformidad. De resto, usa un pote de comida china que llama “la totuma moderna”. “Esto no es calidad de vida”, se quejó el hombre de 68 años.

Foto:  Hirsaid Gómez.

Aseguró que su apartamento en la Candelaria se convirtió “en un rancho, con pipotes de todos los colores y tamaños”. Acumula el agua que sube, sin fuerza, por las tuberías hasta su piso, el 6, por dos horas. “Ni con una cisterna nos auxilia Hidrocapital”, aseveró. La falta de solución es la razón por la que asiste a protestas organizadas o espontáneas, aunque las evita en su parroquia por el amedrentamiento de los colectivos: “Son motorizados que intimidan a los vecinos, con el ruido de las motos, con palos y algunos se presentan hasta con pistolas, echan tiros al aire, para que no protestemos. Son como unos 15 tipos”.

No hubo colectivos en la manifestación de ese jueves. Los concejales de oposición acompañaron a los ciudadanos que se presentaron con carteles que rezaban frases como “¿Qué hacemos sin agua?” y “Tener agua es mi derecho”. El de Luisa Elena Díaz decía “Ya basta de miseria y racionamiento. Agua ya para El Paraíso”, escrito en rojo en una carpeta manila. Fue la única de su conjunto residencial en acudir a la protesta en Maripérez, pese a que todos en su edificio sufren de la misma problemática. “Uno lucha por su causa. O todos nos quedamos sin agua o se restablece. Es un líquido vital”, declaró la mujer de 65 años.

Foto:  Hirsaid Gómez.

Díaz contó que el racionamiento al que se había acostumbrado —de uno a dos días con servicio de agua y nunca los domingos— cambió desde hace dos meses. El agua llega a la zona un día sí y otro no, pero con una presión tan baja que debe ir al sótano de su residencia. Allí hace una cola que forman los vecinos para llenar su garrafón y su pipote de agua. Así surte a su familia de cuatro. “Es demasiado fuerte. Tenemos que hacer varios viajes, pero con orden. Eso son 20 minutos cada uno”, explicó. Acude al sótano cuando no trabaja en el Ministerio de Salud, sino lo hace su esposo.

Es un orden que Teresa Osorio desea: un esquema, un cronograma, al menos, que vislumbre cuándo llegará el agua su apartamento en Montalbán. “Cuando estaba encargada de la junta de condominio de mi edificio, entre enero de 2017 y febrero de 2018, anotaba las veces que venía el agua encontrar algún patrón de racionamiento. Pero ellos nos la quitan cuando quieren y la ponen cuando les da la gana”, determinó la mujer de 53 años.

Foto: Hirsaid Gómez.

Con su esposo, quien también asistió a Maripérez, debe afinar su oído para distinguir el ruido que genera la presión del agua cuando se llena el tanque. Es la forma que encontraron para aprovechar los 30 minutos disponibles del servicio, una vez a la semana. “Estamos revisando constantemente. Son ocho horas pendientes”, lamentó. También escucha los gritos y discusiones que se generan por la inconsistencia de Hidrocapital. Osorio rebosa “todos los perolitos de la casa, hasta los vasos los tengo full, a ese grado”.

“Vamos a estar claros. Ellos no van a ceder, pero que ellos no cedan no significa que nosotros nos vamos rendir. Tenemos que exigir nuestros derechos. Estamos aquí para recordarles su trabajo”, lapidó. Con un sombrero tejido y lentes de sol, siguió gritando “queremos agua, queremos agua” en la entrada de la institución pública.

Foto: Hirsaid Gómez.

El Pitazo

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