Al bate con Sergio Novelli: “Decidí irme cuando mi esposa me dijo que fuéramos menos egoístas”

La diáspora también tiene la cara de Sergio Novelli. El inolvidable rompecorazones del noticiero de Rctv arrancó hace cuatro meses para Miami con su familia, dejando una gran pregunta: ¿qué hubiera pasado si, en una realidad paralela, en un país normal en el que se hubiera podido seguir haciendo TV de entretenimiento, este terremoto de masculinidad se hubiera dedicado al humor?

—Uno de tus mejores programas de TV fue falso: “Sergio de Noche”, un segmento del show de cámara escondida Qué Locura. ¿Te arrepientes de no haberle dado más por el lado del humor?

—No dependió de mí, sino de los directivos de los canales. Pensé que en Venevisión podía darse algo al respecto, pero no cristalizó. Hubiese sido una excelente oportunidad de ver varias facetas de Sergio Novelli y no sólo el tipo serio que da noticias. Realmente soy bien relajado.

—Ser un reportero sex symbol en Rctv marcó tu carrera: a) mucho; b) poco; c) nada.

—Nada. Nunca me sentí un sex symbol. De pronto habrá ayudado que yo era un chico joven y a las chicas les llamaba la atención eso.

—¿Le decían piropos en la calle?

—Bastantes.

—¿Un hombre está preparado para eso?

—Uno no se acostumbra. Menos un chamo que estaba empezando a salir en TV. Uno como hombre nunca está preparado para recibir un piropo. Si una chica te dice: “qué bello eres”, no sabes si responderle “gracias” o “tú también”. Pero sí me sueltan un: “qué bonito tu trabajo”, ahí sí sé qué decir: gracias, gracias, gracias.

—¿Rctv fue responsable de que el chavismo llegara al poder al apostar a la antipolítica?

—No, por favor. El país entero es el culpable, por aquellos que creyeron en un Mesías y se equivocaron. Gracias a Dios no formo parte de ese grupo.

—¿Y tú te sientes responsable, como miembro de tu generación, de lo que le pasó a Venezuela?

— Para nada. Dimos todo lo que pudimos para que Venezuela no estuviera como está, trabajando en las áreas en que nos ha tocado.

—¿Qué tienes de italiano?

—Sólo el apellido y la nariz. Mis ancestros son muy lejanos.

—¿Mundial de fútbol sin Italia es Mundial?

—Sin Italia ni la Vinotinto, este Mundial no tiene vida para nada.

—¿Qué le queda a Caracas que no tiene Miami?

—El Ávila, pana. Como el Ávila no hay, de verdad. Cuánta falta hace una montaña tan imponente y espectacular.

—¿Nunca se te fue una grosería al aire en la radio cuando te metían una cadena de Maduro?

—Sí me daba mucha rabia. No era nada agradable. Nos molestábamos, y mucho, pero nunca llegamos a decir ninguna mala palabra y menos al aire.

—En asuntos de negocios te defines: a) próspero; b) derrochador; c) el eterno limpio.

—No he sido muy acertado en asuntos de negocios. He tenido que aprender en el camino, con los golpes. Mi esposa (Patricia Zerpa) me ha ayudado un poco en el área. Ahí vamos.

—¿En qué momento exacto dijiste: hay que irse de aquí?

— No fue una decisión sólo mía. No hubo un momento como tal en que dije: es mejor irse. Las circunstancias me fueron obligando y llevando a tomar esa decisión. Si tengo que buscar un instante, creo que fue el momento en que hablé con mi esposa y ella me dijo: “vamos a tratar de ser menos egoístas y pensemos más en nuestros hijos que en nosotros”. Y yo dije: sí, tienes razón. No puedo pensar en mí y en mi tranquilidad o estabilidad económica, que la tenía en su momento en Venezuela.

—¿Cómo es la personalidad de tus cuatro hijos?

—Renzo tiene 21 años, es artista plástico, ilustrador. Miami es el lugar perfecto para él. Es un chico muy sensible y, además, muy analítico. Mauro, el de 18, es risueño y alegre la mayoría del tiempo. Lo veo orientado a la actuación, aunque él dice que no quiere dedicarse a eso. Todavía no sabe realmente lo que quiere hacer. Está en la edad de la definición, pronto va a empezar el college. Los morochos de 15: Fabio, muy cariñoso y orientado a las matemáticas o la ingeniería, y Paola, la más soñadora, la que quizás pudiera seguir los pasos de papá. Pero ella dice que no le gusta el periodismo. Lo más importante es que encuentren en su pasión una forma de vida.

—¿Alguna vez le dijiste a tus hijos: “no estudien periodismo, van a pelar bola”?

—Cada uno de ellos debe tomar la decisión que quiera. Jamás les he inculcado que sean lo que su mamá o yo somos. ¡Y menos les voy a decir eso! No me considero un pelao. Tal vez el periodista no está muy bien remunerado, la credibilidad te abre muchas otras puertas que te dan prosperidad.

—¿Qué apodo te han puesto?

— El que me dice “gallo” es porque me conoce.

—¿Qué es lo más difícil de Miami?

—Comenzar de nuevo. Después de haber tenido una carrera de tantos años en mi país y ser reconocido no es nada sencillo llegar a un lugar donde confluyen tantas comunidades. Lo más difícil es entrar al sistema. Estamos en ese proceso.

—El liderazgo opositor fracasó porque: a) nos traicionó; b) no tenía a nadie realmente brillante; c) perdió ante un enemigo que era más poderoso y ya.

—Al liderazgo opositor le faltó eso: liderazgo. No supieron aprovechar los momentos cumbres. Cuando realmente podían haber logrado muchas cosas, no lo hicieron por eso: falta de liderazgo o de unión. Cada quien tenía, y tiene, su propio libreto.

—¿Tu vocación oculta?

—Toda la vida me gustó mucho el cine. Y la música. Cantante creo que no: a veces me puede salir bien una canción, pero no tengo el oído. Me hubiese gustado ser actor. Pero eso amerita mucho estudio y mucha memoria. O de pronto dedicarme al cine detrás de cámaras. Por eso estudié comunicación: quería hacer cine. Pero me fui por otro mundo.

—¿El programa que jamás hiciste?

—Un show de música. Presentar artistas. Y, sobre todo, nuevos talentos. No digo que ya no lo pueda hacer, pero está allí en los pendientes de mi vida.

—¿Qué le pasó Novelli por novato?

—Nunca me di cuenta de lo que significaba ser figura reconocida hasta mucho después. Y tal vez por eso me dejé pisotear por mucha gente sin darme cuenta.

—¿Tu mayor ridículo en televisión?

—Una vez habían herido a un político, estuve haciendo todo el día la transmisión desde la Cruz Roja para Rctv y ya en la noche no pude decir en cámara la palabra “aglomeración”. Me quedé trabado y me sentí lo peor del mundo.

—El recuerdo de Rctv sirve: a) para combatir por su regreso; b) para quedarse pegado en la nota; c) para pasar la página porque todo tiene su final.

—De todo un poco. Efectivamente hay que pasar la página. Todo ocurre por algo. ¿Quedarse pegado? No lo veo de esa manera. El venezolano siempre tendrá allí el recuerdo de la buena televisión. Lo digo cada vez que pueda: mi escuela fue Rctv. Somos parte de la historia de Venezuela. Hay que seguir trabajando para que Rctv vuelva a las pantallas, quizás de manera distinta y con otros protagonistas. Pero debe regresar.

—¿Qué lección te queda del caso Venezuela?

—La mejor lección que hemos aprendido los venezolanos ha sido valorar lo que tenemos. O lo que teníamos. A ser más humildes, a ayudarnos unos a otros. Aquí en Miami siento más unión que antes. El venezolano te recibe distinto. Me dicen: “qué bueno verte aquí, ¿en qué te puedo ayudar?”. Te dan consejos. Tengo cuatro meses aquí y he sentido un espaldarazo total y absoluto de personas que ni me conocen.

El Pitazo

Deja un comentario