Mugabe, al borde de perder el poder tras 37 años al frente de Zimbabue

President Robert Mugabe gestures as he addresses a rally in Harare, Zimbabwe, November 8, 2017. REUTERS / Philimon Bulawayo
President Robert Mugabe gestures as he addresses a rally in Harare, Zimbabwe, November 8, 2017. REUTERS / Philimon Bulawayo

 

El nonagenario presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, visto por muchos países occidentales como un dictador impenitente, se encuentra al borde de perder el poder tras ejercerlo durante más de tres décadas.

A su 93 años y en medio de rumores de golpe de Estado, Mugabe, que había anunciado su intención de presentarse a las elecciones del próximo año para cumplir su octavo mandato presidencial, se encuentra junto a su familia en arresto domiciliario, según algunos medios, mientras otros afirman que ha salido del país.

Según el Ejército, que ha tomado las calles de la capital y ha detenido a varios ministros, el líder de la ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico) se encuentra “a salvo”.

Sea como sea y tras 37 años en el poder, desde 1980, parece que sus horas como presidente zimbabuense están contadas.

La imagen de Mugabe se ha ido transformando con el tiempo, al pasar de ser visto inicialmente como un héroe de la independencia a ser acusado de recurrir al fraude electoral y a la represión de los opositores para mantenerse en el poder.

En el proceso electoral de 2008, al menos 200 seguidores del opositor Movimiento por el Cambio Democrático (MDC) fueron asesinados y miles de personas torturadas en una ola de violencia que sumió al país en una profunda crisis. Entonces Mugabe subrayó que “solo Dios” podía apartarle del poder.

Nacido el 21 de febrero de 1924 cerca de Harare, Mugabe, hijo de un carpintero y una maestra, se formó en escuelas maristas y jesuitas hasta convertirse en profesor, y estudió varias carreras -la de Derecho entre ellas- a través de cursos por correspondencia.

El estadista comenzó su lucha política a los 36 años y militó en varios grupos en la incipiente lucha independentista zimbabuense del Reino Unido, por lo que fue encarcelado en 1964.

Mugabe pasó una década en prisión, se vio obligado a vivir en el exilio y fue uno de los firmantes de los “acuerdos de Lancaster House”, que enterraron a la antigua Rodesia y dieron pie a la nueva República de Zimbabue, que vio la luz en 1980.

En las primeras elecciones, se convirtió en el jefe de Gobierno de la naciente república, cargo que fue abolido en 1987 para crear el de presidente, el puesto que ha ocupado hasta la fecha tras varias elecciones de dudosa credibilidad.

Durante su mandato, Mugabe ha tomado decisiones muy polémicas, como las expropiaciones, iniciadas en el año 2000, de miles de granjas a propietarios blancos en una reforma agraria caótica, a fin de distribuir la tierra entre la población negra del país.

Hombre de dura retórica, el veterano estadista, que acusa a sus críticos de ser “traidores”, no ha ahorrado diatribas para insultar a potencias occidentales como EEUU o el Reino Unido -la antigua metrópoli-, al acusarles de fabricar “diabólicas mentiras” sobre él y a cuyas sanciones atribuye el pésimo estado de la economía.

También ha causado notable indignación internacional su fobia hacia los homosexuales, que considera “peores que los cerdos”.

Consciente de la necesidad de cambio y apaciguado tal vez por la edad, el presidente de Zimbabue, ataviado normalmente de riguroso traje oscuro y corbata, inició en los últimos años una campaña para transformar su imagen.

En varias entrevistas, Mugabe, que profesa con fervor el catolicismo, se ha mostrado afable, ha hablado con cariño de sus cuatro hijos, ha admitido el amor que siente por su esposa, Grace (40 años más joven), y ha recordado a su primera mujer, Sally, que murió en 1992.

Los rumores sobre la salud de Mugabe son constantes, y además se han visto alimentados por sus últimas apariciones en público, en las que siempre va agarrado del brazo de su esposa.

Aunque finalmente no parece que será su salud la que le aparte del poder, sino las rivalidades en su propio partido, causa de la posible asonada militar en curso para impedir que su mujer, Grace, “herede” su mandato. EFE

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