Seguimos en la calle

“Pero, ¿no vas a reconocernos nada?”, fue la pregunta de un ex-amigo que lleva 7 años viviendo en Argentina y desde ahí, ejerciendo un cargo diplomático, se declara más chavista que nunca, un fanático en la distancia que usa frases del finado y reivindica la violencia del Estado, porque solo la izquierda representa al pueblo, solo ellos son dignos y honestos y sería un retroceso abismal que cualquier otra fuerza política sustituya su modelo tras 18 años de gobierno.

“Imagínate que estás en un juicio por feminicidio y el abogado defensor pregunta si no van a reconocerle al acusado que al menos estaba casado con la occisa, que la preñó y tuvieron dos hijos, que por años mantuvieron un hogar y durmió a su lado, que la asesinó alguien conocido, vamos, un malandro no la hubiese maltratado con un patrón tan certero como el suyo, porque solo él era digno y honesto para amenazarla con sus hijos, para pegarle con constancia y lamentablemente superar su propio récord, porque solo un marido merece acabar con la vida de su pareja”.

Con ese texto, cerré el chat y la relación, admitiendo que los diplomáticos del chavismo al no sufrir esta economía de posguerra ni rechazar la imposición de una nueva Constitución, necesitan defender sus privilegios y administrar con cinismo las dudas de un drama que ni viven ni pueden admitir. Desde otro país se puede adorar a un ególatra que perdió valor con la pésima administración de sus herederos, se puede difundir lo que producen los medios públicos como si fuese veraz y disfrutar sueldos en dólares mientras se añora el queso telita aunque la escasez no signe su consumo de nada.

Lejos es más sencillo desatender a un pueblo que come mangos como plato principal, ignorar la muerte de niños por desnutrición y falta de medicamentos, se puede justificar la violencia de los colectivos por la defensa de la dignidad. Pero, un Gobierno que somete a su población a morir de hambre, no es digno, tampoco el que asedia a quienes debe proteger. No hay independencia posible en el remate de los activos de la nación, ni motivos para enorgullecerse por la merma de derechos y libertades.

Unas elecciones libres no son un privilegio pequeño burgués. La libertad no corroe y los derechos no se conquistan para ser administrados por quienes los violan, ni se controlan como el cambio o los precios. El chavismo destrozó toda noción de soberanía y es eso justamente lo que estamos procurando cada día, a pesar del acoso, del maltrato y las mentiras. La densidad de las lacrimógenas no merma las razones para seguir y eso no van a entenderlo jamás. Tenemos más ilusión que bicarbonato, más gente que dinero, sin armas y con mucha convicción, seguimos, para entenderlo tienes que estar aquí, en la calle.

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