Negociar la coexistencia

Leopoldo Puchi

Desde Caracas.- Mientras no se produzcan cambios en las políticas macroeconómicas para crear las condiciones que estimulen la actividad productiva, permitan la formación razonable de precios y mejorar los índices de abastecimiento, no va a tener lugar una recuperación de la base electoral del gobierno, por más que en el frente político haya recuperado la iniciativa, hecho favorecido por los errores de la oposición.

Las protestas que han tenido lugar a lo largo de estas semanas tienen un propósito político y una direccionalidad partidista, pero no se puede ignorar el extendido malestar creado por la escasez y alto costo de la vida, una realidad que genera descontento y sirve de caja de resonancia, aunque no haya habido protestas o estallidos populares vinculados a las movilizaciones que se han venido realizando.

Si no se reorienta el rumbo económico, el malestar social va a persistir más allá de las marchas, en particular si el Gobierno no toma decisiones relacionadas con las políticas cambiarias que faciliten la planificación empresarial e impidan el enriquecimiento con divisas preferenciales. Un primer paso podría ser admitir la contabilidad de los costos de las importaciones de las empresas hechas al dólar paralelo, cuando sea el caso, y evitar que las mercancías importadas con el precio protegido sean vendidas a precio libre.

Ahora bien, para que los acontecimientos se encaminen por un sendero más apaciguado, no sólo se necesitan cambios en el área económica, es indispensable que en el terreno de la política se abra un espacio de diálogo entre las partes en conflicto, de modo que se cree un ambiente de mayor confianza para la actividad productiva y comercial.

La situación actual es la de un enfrentamiento que se escala cada día más, lo que apunta en una dirección contraria a la señalada. Del lado de la oposición, durante más de 60 días se han combinado actividades pacíficas con acciones violentas de calle, en una estrategia peligrosa dirigida a empujar al estamento militar a actuar, por la vía del golpe palaciego o de uno cruento. Por su parte, el sector gubernamental ha decidido convocar una Constituyente, lo que abre un período de lucha para definir de manera neta de cuál lado está la hegemonía, ya que una Constituyente no es la simple redacción de un texto constitucional, como suele pensarse.

En las circunstancias actuales, la confrontación pudiera incluso prolongarse por meses y hasta hacerse crónica, como sucedió en Nicaragua. Por tal motivo, es indispensable dar inicio al diálogo y la negociación, para construir un acuerdo de coexistencia de mediano y largo plazo, que permita la alternancia. En fin, Venezuela requiere con urgencia un reordenamiento de la economía y un proceso de negociaciones políticas.

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