El teniente y el cuartel

Un viejo amigo de la adolescencia entró, hace ya muchos años -se entiende- en la Academia Militar. Al ingresar pasó a formar parte de un grupo que, en ese ámbito, era casi una especie de infra categoría. Este amigo pasó a la categoría de “Nuevo”. Y el “nuevo”, pues, era la víctima de cuanta perversa ocurrencia tuviese el que ya no era “nuevo”; es decir, el que ya había pasado a segundo año, por no hablar del que estaba en tercero, los Brigadieres, Alféreces, en fin. El Nuevo pasaba las de Caín en su primer año. Y, por supuesto, cuando llegaba a su segundo año, empezaba a desquitarse de los nuevos “nuevos”.

Esa es, más o menos, la dinámica que funciona en esa institución cerrada, jerárquica,que es la institución militar. El cadete se caracteriza por obedecer y mandar. El raciocinio, al menos en estas primeras instancias, está excluido. Luego el militar sale de Sub-Teniente, como oficial es un muchacho todavía muy joven, inexperto, y en esos primeros rangos de su vida -Sub-Teniente, Teniente, Capitán- se dedica básicamente al manejo de la tropa. Sólo cuando los oficiales van avanzando y empiezan hacer cursos de Estado Mayor, cursos de superación, el militar adquiere otro conocimiento y así llega (por lo menos estoy hablando de lo que ocurría décadas atrás) al rango de General. Antes llegar a General era difícil, eran muy pocas las plazas, y, por lo general, llegaban sólo los primeros de las promociones. Ahora hemos visto un fenómeno extraño, al revés (el anterior Ministro de la Defensa era un Almirante al que le llamaban “el penúltimo”, porque era exactamente eso, el penúltimo de su promoción).

¿Qué ocurre con esa persona que no pasó de ser Teniente? Pues que se limitó a ese concepto de la tropa: “Nuevo venga acá”, “nuevo vaya allá”, “tírese ahí en el piso”, “salto del sapo, posición inicial”, en fin… Nunca pasó más allá de la orden seca y sin mayor expliación, dicha siempre con ese tipo de lenguaje que es absolutamente despectivo.

Ocurre que un teniente es el que maneja la Asamblea Nacional. Y la maneja como que en efecto fuese tropa. Un individuo que jamás entendió, ni se preparó para ejercer en democracia, asume que tiene, como bien lo dice el titular del diario Tal Cual hoy: “La Asamblea Nacional como si fuese un cuartel”. Habla por el micrófono, termina de hablar, da un manotazo al micrófono en un desplante grosero (obviamente, el micrófono lo paga otro). Es el mismo individuo que cuando un diputado decía “no reconozco la victoria del señor Maduro, por ilegítimo”, pues le negaba el derecho de palabra. Como si él fuera no sólo el dueño del micrófono sino de todo lo demás que en la Asamblea existe, incluyendo los diputados que la conforman.

La Asamblea Nacional es el parlamento, y el parlamento viene de ese verbo: parlar, parlamentar, hablar, discutir. La mayor representación de la voluntad popular está en la Asamblea Nacional. Allí están los diputados que hemos elegidos los venezolanos.

Cuando en un acto de arbitrariedad absoluta, el teniente Cabello le prohíbe el derecho de palabra por un mes, como niños castigados, a la diputada Bracho y al diputado Borges, está, sencillamente, pisoteando no a estos diputados en particular, sino a todos los que votaron por ellos en general. Y es bueno que recordemos que los diputados de la Asamblea Nacional que vienen de la oposición, obtuvieron muchísimos más votos que los oficialistas; solo que por aquella triquiñuela de la señora Lucena, ya sabemos cómo ocurrió lo que ocurrió.

La Asamblea Nacional es un reflejo del país, y ese cuartel en el que la ha convertido el teniente Cabello, es en el que el régimen piensa convertir, definitivamente, a todas las instancias de la vida nacional.

Por lo pronto, el teniente ya nombró una comisión para evaluar la Ley Habilitante, y no hay allí ningún diputado opositor porque “estos van a sabotear”; según el criterio de Cabello, quien ve el mundo en blanco y negro: aquí estamos los buenos, sólo yo soy bueno, todos los demás son absolutamente miserables.

Leo de la crónica parlamentaria de Ender Marcano, en El Universal, a propósito del informe de la Comisión Especial que evaluó a los diputados Borges y Bracho: La Comisión Especial que evaluó el comportamiento de los diputados, también sugirió que los señalados- es decir Borges y Bracho- fueran sometidos a consulta psiquiátrica para determinar si tienen una conducta verdaderamente irregular y de ser así, que se le presente el apoyo necesario para que se incorporen a la vida social del país. Esto lo dice el diputado Elvis Amoroso, quien obedece a pie juntillas las órdenes del teniente Cabello.

Así funcionan los regímenes dictatoriales. Así funcionaba el criterio de Stalin para descartar a sus adversarios políticos: sencillamente estaban locos, no tenían la cordura necesaria para vivir en sociedad. Mayor manifestación de locura no hay.

Pero es bueno que recordemos, antes de que nos declaren a todos locos, que ni la Asamblea Nacional en particular, ni el país en general, son un cuartel.

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