El gobierno económico de Luis Herrera Campíns II

Marco Tulio CicerónCapaz de gobernar, si no hubiera gobernado. (capax imperii nisi imperasset), Luis Herrera Campíns, es uno de los casos más extraños en la política venezolana. Pasó años como Jefe de la Fracción Parlamentaria de COPEI, vivió en Europa y muchos dicen que de ahí trajo las ideas de la Democracia Cristiana europea (alemana e italiana) que transformaron al partido COPEI (fundado en 1946) por Rafael Caldera de  fuerte raigambre conservadora católica, en un partido moderno con el aval económico de las grandes transformaciones que en lo material hicieron los gobiernos de Konrad Adenauer, y Alcide de Gasperi en Alemania Occidental e Italia, respectivamente, después de la segunda guerra mundial. Ya no se escucharían en COPEI las tesis de la falange, sino las de Emmanuel Mounier y Jacques Maritain.

En unas primarias de COPEI, fue derrotado por Lorenzo Fernández apoyado por los sectores conservadores de COPEI y de la aguerrida JRC por su sector araguato (Delfín Sánchez, Elías López, Oswaldo Alvarez Paz, etc), mientras que al llanero de Acarigua, lo apoyaban ciertos sectores progresistas de COPEI ( Pérez Díaz, Cárdenas, Alí Lazo, Montes de Oca, etc) y el sector filo izquierdista de la JRC (Avanzados y algunos astronautas) entre ellos Abdón Vivas Terán, Julio César Pineda y Ramón Guillermo Aveledo, quien después fue secretario privado, cargo que desempeño sin pena ni gloria, “oyendo crecer la yerba”.

Lamentablemente, Lorenzo Fernández, quien fue un extraordinario ministro de Fomento de Rómulo Betancourt, y fue uno de los que preparó la política de sustitución de importaciones, no pudo detener al huracán político que fue la candidatura de Carlos Andrés Pérez, por Acción Democrática.

El primer gobierno de Carlos Andrés Pérez fue favorecido por el embargo petrólero que le decretaron los países árabes productores de petróleo a occidente, y por lo tanto, este gobierno contó con enormes ingresos fiscales. Y además lanzó una política de pleno empleo apoya por un crecimiento del gasto público y unas leyes laborales que ordenaban la creación de empleos. Se estableció, por ejemplo la obligatoriedad de emplear a  ascensoristas incluso en ascensores totalmente automatizados, cuidadores de baños públicos etc.  Basta decir que la tasa de desempleo que en 1974 era de 7,16%, pasó en 1978 a 4,62%.  Sin embargo, la bestia negra de la inflación hizo su debut en la economía venezolana, los precios en esos años aumentaron en promedio 8,75%. También la burocracia creció una barbaridad de 598.541 funcionarios públicos que había en 1974 en 1978 habían llegado a 762.354. También la deuda pública externa había aumentado una enormidad como dijimos en nuestro anterior artículo.

Según  un excelente analista como José Antonio Gil Yépez,(“De 1976 a nuestros días” en Política y Economía en Venezuela 1810-1991,Caracas, Fundación John Boulton, 1992, pp.305-306) el modelo económico que sustentaba a la democracia estaba agotado. Esto es, un modelo de demanda o movilización de la económica mediante la distribución de la renta petrolera del Estado a los particulares.  Aparentemente este modelo fue exitoso para hacer crecer el producto interno bruto desde 1943 hasta 1977. Los rasgos fundamentales de este modelo eran 1) gasto público creciente; 2) alta valoración de la moneda; 3) bajos impuestos personales; y 4) alto proteccionismo arancelario y para arancelario. Sin embargo, mientras el mercado creció, también ampliaron su producción la industria y el comercio interno o nacional. Otro investigador, citado por José Antonio Gil Yépez, Asdrúbal Baptista, llama la atención sobre la participación de los servicios en el producto interno bruto, así en 1951 esta participación era del 65%, en 1975 llegaría al 75%.

Cuando llega a la presidencia Luis Herrera Campíns, en pleno discurso de toma de posesión, alerta diciendo que recibía un país hipotecado. También tenía que enfrentar los siguientes problemas:

Desequilibrios macroeconómicos.

Una extensa cantidad de productos cuyos precios estaban regulados.

Escasez en la mayoría de los rubros con los precios controlados.

Uso exagerado de las importaciones para resolver el desabastecimiento.

Así que se decidió entonces un paquete económico, el cual contenía cinco elementos fundamentales:

Liberación de 175 precios controlados y regulación solo de 36 rubros.

Mantener un crecimiento controlado de la liquidez.

Mantener un crecimiento moderado del gasto público.

Reducción de los aranceles coordinadamente con la liberación de los precios de ciertos productos para estimular la competencia.

Liberación de las tasas de interés.

De acuerdo a nuestro estudioso (J.A Gil Yépez), la idea genérica de liberar los precios fue presentada formalmente en la primera reunión del gabinete económico por el Ministro de Fomento en aquel entonces, Manuel Quijada (por cierto, ex golpista de los años del gobierno de Rómulo Betancourt).  Se decidió posponer la decisión para después de las elecciones municipales que se celebrarían el 3 de junio de 1979. Siempre postergando las grandes decisiones económicas para beneficiar a la política.

De inmediato se presentaron grandes discrepancias en las políticas macroeconómicas, por un lado, la liberación de precios era expansiva y por otro lado, había una contracción económica. La tragedia fue que el gobierno no logró cumplir sus metas de moderar el gasto público y la liquidez (¡siempre la liquidez!), al punto de que no logró cumplir sus objetivos de bajar la inflación. En efecto, para 1980, se estimaba en que se ubicaría entre 6 y12%, y resultó del 21,6%. La explicación fue debido al aumento del gasto público en función de un aumento general de sueldos y salarios impuesto por la CTV en contra de la voluntad del ejecutivo y a los cientos de contratos colectivos  que tuvieron que firmar los entes gubernamentales.

También al gobierno de LHC le tocó una ambiente internacional pésimo. En Estados Unidos para combatir la inflación subieron las tasas de interés, y este alza subió todas las tasas de interés en los mercados internacionales. Y como el BCV (doctor Leopoldo Díaz Bruzual) se tardó en subirlas salieron cientos de millones de bolívares para los bancos del exterior. También subieron los costos del servicio de la deuda externa.

Bajo este ambiente, el ingreso petrolero el cual se encontraba en alza desde 1979 gracias a la caída del Sha de Irán, llegó a su máximo en 1981 US $ 19.094 millones. El efecto alcista sobre los precios del petróleo había desaparecido, gracias al crecimiento de la oferta de petróleo (países no OPEP) y a las políticas conservacionistas y sustitutivas de combustibles fósiles de la OECD.

En 1982 se tomaron las siguientes medidas para tratar de confrontar el déficit fiscal:

Revalorización de las reserva de oro BCV, el 21 de septiembre pasando de 42,22 US $ la onza troy a 300 US $ aun cuando en los mercados internacionales estaba en 426 US$.

Aumento de los precios de la gasolina y del azúcar en mayo de 1982, rompiendo con la tendencia de no incrementar precios sensibles a la opinión  pública a finales del período presidencial. De igual forma, se incrementaron los programas de eliminación de subsidios y se flexibilizaron los mecanismos de precios administrados. La eliminación de subsidios alcanzó un 50,9%, afectando principalmente el azúcar, café y alimentos concentrados.

Se obligó a PDVSA  a repatriar y depositar en el BCV sus divisas (27 de septiembre de 1982).

Se abrió un fideicomiso con fondos de PDVSA en el BCV y se emplearon parcialmente estos fondos para la compra de cédulas hipotecarias y así ayudar a la banca hipotecaria que estaba afectada por el alza de las tasas de interés.

 

Quizá, la paja que rompió el lomo del camello en esta caída vertiginosa de la economía herrerista fue la necesidad imperiosa de renegociar la deuda externa para proteger la reservas internacionales. En este menester, el entonces ministro de Hacienda Luis Ugueto, no aceptó las condiciones (1/8 punto por encima de la tasa LIBOR) bajo las cuales un grupo de bancos acreedores ofreció un crédito por US $ 2.000 millones, trayendo más desconfianza en los mercados internacionales de capitales.  Para decirlo en forma Shakespereana “mi reino por un octavo”.

Leopoldo Díaz Bruzual designó a un equipo (calificado de “secreto” por J.A Gil Yépez p.326)  del BCV para que estudiara una devaluación a Bs. 6,50 por US $ basada la paridad del poder adquisitivo, junto con una reducción de la liquidez, revaluación de activos para que el sector privado pudiera pagar sus acreencias en moneda extranjera, , implantación de un estricto control de cambios (¡ siempre control de cambios!) sobre la base de artículos prioritarios y el empleo de recursos del Fondo Monetario Internacional, aceptando sus condiciones y supervisión para alcanzar una mayor competitividad reduciendo las protecciones.  Ganó, en aquel entonces, la tesis del ministro Arturo Sosa puesto que estableció un régimen diferencial de control de cambios, el cual a la vez de devaluar, evitaba en un primer momento el impacto sobre los precios de primera necesidad, porque mantendría una tasa de cambio preferencial de Bs. 4,30/$ y reconocía la deuda externa a esa misma tasa de cambio. Algunos bienes intermedios recibirían divisas a Bs. 6/ US $., mientras que los bienes y servicios no prioritarios quedarían al dólar libre.

Aquel día 18 de febrero de 1983, se llamaría desde entonces “viernes negro” porque se cerró por primera vez en más de veinte años el mercado cambiario.

Hemos presentado un relato más pormenorizado para que la opinión pública responsable, y crítica entienda que el modelo de crecimiento en el petróleo está agotado definitivamente.  La equivocación de Luis Herrera Campíns está en que siguió con un populismo a medias y rectificaciones nunca completas. Según José Antonio Gil Yépez, de quien hemos extraído muchas fechas y algunas cifras: “El Presidente Herrera y un pequeño grupo de allegados terminaron su mandato bajo el mayor aislamiento  y poco aprecio por parte de su partido y de la opinión pública en general” (p.327).

Jaime Lusinchi, siguió montado en el control de cambios, aumentó el gasto público hubo crecimiento pero acabó con las reservas internacionales, de modo que el nuevo presidente Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato tuvo que hacer una maxidevaluación y permitir un alza en el precio de la gasolina que trastornaron el mundo político que se manejaba fácilmente desde Miraflores, ya el país no volvió a ser el mismo.

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