El hombre de La Habana y la fragmentación de la secta


Si algo quedó muy claro con la publicación del audio del delincuente mediático del chavismo y ahora conocido agente del espionaje cubano Mario Silva, es que en el PSUV existe una guerra interna con ramificaciones internacionales de, por lo menos, dos facciones: una de raíces cubanas (a la que pertenece el despreciable ex presentador de VTV) cuyo principal agente en Venezuela es Nicolás Maduro; y otra encabezada por el multimillonario “empresario” de la Administración Pública Diosdado Cabello.

El régimen y el propio Silva han tratado de desacreditar la grabación como “un montaje” o contentiva de “solo chismes”. Pero la verdad es que la conducta del liderazgo desmiente estas descalificaciones. Silva fue sumariamente botado de VTV, su programa eliminado al mismo modo que su programa radial. Si el audio es un montaje o son solo chismes, no tiene sentido que hayan tomado estas medidas inmediatas contra el deleznable traidor.

Se hizo evidente de la conversación entre Mario Silva y el teniente coronel del G2 cubano Aramís Palacios, que Diosdado Cabello y su banda de militares corruptos constituyen una seria amenaza para los intereses de Cuba y la presidencia ilegítima de Nicolás Maduro, el hombre de La Habana.

Ya es harto conocido que Maduro, quien no tiene instrucción formal universitaria, fue preparado como espía y agitador por la inteligencia cubana en la década de 1980 en la isla, y luego insertado en la vida política venezolana como sindicalista del Metro de Caracas a finales de esa misma década.

Del audio de Silva y Palacios se infiere que Cuba considera a Diosdado Cabello un enemigo de la revolución extremadamente corrupto, que la pone en peligro por anteponer sus intereses personales esencialmente crematísticos en alianza con el estamento militar también corrupto que controla, al cual, como es sabido, se le imputan diversos delitos incluyendo los negocios del secuestro y el narcotráfico. En consonancia con esta imputación, Roger Noriega, el ex Subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos de EUA, ha denunciado que Cabello es el zar de la droga en Venezuela y opera con la cúpula militar podrida, de acuerdo con la DEA, quien lo tiene en la lista negra junto a algunos de sus testaferros y aliados castrenses. Cualquiera sea la verdad, dos distintas fuentes coinciden.


En la década de 1980, a la administración de Ronald Reagan le explotó en la cara el llamado escándalo Irán-Contras, también conocido como Irangate. Fue develada la maniobra de la CIA dirigida por Oliver North, por medio de la cual, se le vendían armas a Irán y los beneficios de estas ventas se le trasladaban a los “Contras” que se enfrentaban en armas a la guerrilla sandinista en Nicaragua. Manuel Antonio Noriega, alias Cara’e Piña, era pieza vital en este entramado ya que proveía recursos originados en el narcotráfico de
Colombia a Estados Unidos. Noriega era agente de la CIA desde la década de 1970 de manera que la asociación en este plan era natural. Lo insólito es que el delincuencial Noriega también fungía de agente cubano. En efecto, Fidel Castro, en su desesperación por divisas extranjeras ante la merma de ayuda soviética, se alió con el criminal psicópata Noriega (afirman los psiquiatras que los psicópatas tienden a asociarse para sus fines egoístas, Propiedad Asociativa la llaman) con conocimiento de sus actividades delictivas y lo que es peor, de su vinculación con su enemigo: el gobierno norteamericano en persona de la terrible CIA. La excusa de Castro para participar en el negocio de las drogas fue que estas

sustancias deterioran la fibra social del Imperio, su mortal enemigo a vencer. (Es oportuno mencionar que el hombre designado por Castro para manejar el negocio del narcotráfico por parte de La Habana, el Héroe de Angola, general Arnaldo Ochoa, finalmente fue fusilado junto con su hermano por orden de su jefe a quien jamás delató en el juicio). Esta asociación para delinquir es uno de los capítulos más curiosos de la Historia.

De manera que Fidel está acostumbrado, por el citado y otros casos, a aliarse con delincuentes de los más bajos procederes, así que no es raro el actual viaje a La Habana de Diosdado Cabello; una extraña ocurrencia si tomamos en cuenta que en casi 15 años esta es tan solo la segunda vez que visita la paupérrima isla. La primera vez fue en Diciembre de 2012, posiblemente debido a la muerte de Hugo Chávez.

Tomando en cuenta la complicada y grave situación que en todos los ámbitos atraviesa Venezuela, principalmente la ilegitimidad de Maduro derivada del inocultable fraude electoral, seguida por la desesperada situación económica, y finalmente, por la publicación que revela el cisma en el chavismo y la designación de Cabello como enemigo de Cuba; es lógico inferir que el presidente de la AN visita hoy la metrópolis antillana del Imperio Castrocomunista para negociar un pacto de no agresión, posiblemente a instancias de los Castro. Se sabe que en esta visita el magnate de la política se reunirá con diversos jerarcas del gobierno, y notablemente, con Raúl y Fidel Castro. No es descartable que este trío de maleantes pragmáticos sin escrúpulos, alcancen un acuerdo que les aumente las probabilidades de continuar repartiéndose el botín, la rica y expoliada Venezuela petrolera.

Pero no es el audio la única señal de descomposición interna de la revolución, ni el enfrentamiento Cuba-Maduro vs. Cabello el único. Desde hace unos dos meses el gobernador del Zulia y comandante originario líder del 4F, Francisco Arias Cárdenas, viene montando un sistema de racionamiento electrónico para el estado petrolero, cuya contratación, cabe mencionar, beneficiaría económicamente a su propio hijo. Maduro permitió calladamente que el proceso de implantación del llamado “papachip” se desarrollara hasta sus últimas instancias. Pero ayer, a un día del lanzamiento del programa en el Zulia, un ensayo para luego hacerlo de cobertura nacional, abortó el proyecto en enfrentamiento directo con Arias, guabina despreciable pero ficha fundamental del militarismo del PSUV. Podría argumentarse que Maduro esperó los resultados de encuestas que demostraron el más absoluto rechazo popular a la medida (85% en contra). Pero este argumento no es suficiente si tomamos en cuenta la actitud y palabras del presidente usurpador. Humilló y ridiculizó al Comandante del 4F hasta el punto de llamarlo loco. Sentenció que el “papachip” era una “locura”.

Sectores maduristas acusan a Cabello de que en alianza con Arias, cocinó el guiso del papachip para dañar a Maduro. La facción militarista acusa a Maduro de esperar hasta el último momento para aparecer como héroe desmontando la impopular medida en desmedro de Arias y el sector militar.

Cualquiera sea la verdad acerca de estos casos, los síntomas exteriores indican que el postchavismo es enfermo terminal. Como era de esperarse, luego de la desaparición del líder psicópata mesiánico, la secta fanática destructiva se fragmenta rumbo a la desaparición.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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