¿Me Permiten Hablar de Fraude?




Venezuela amaneció el Lunes 15 de abril de 2013 enardecida y gritando “¡fraude!” en reacción a la torpe maniobra del –ahora diáfanamente- régimen de facto. El candidato opositor Henrique Capriles Radonski desconoció los resultados electorales basado en el hecho de que las cifras que constan en el total de las copias de las actas en posesión de su comando lo dan ganador y no coinciden con las emitidas por el Consejo Nacional Electoral. Capriles exigió –como también lo hizo el rector del CNE Vicente Díaz- auditoría del 100% de las boletas electorales. La actitud de Capriles fue contundente y apoyada por toda las fuerzas democráticas. El líder opositor increpó al “ganador” Maduro “aquí el derrotado eres tú, tú lo sabes”.

En un injustificado jolgorio, pues aun aceptando las cifras oficiales la “victoria” oficialista fue por mínimo margen de menos de un punto porcentual (el 1,5 anunciado como ventaja debe disminuirse al escrutarse lo votos del exterior y los reclamos por irregularidades), Nicolás Maduro celebró “el gran triunfo del pueblo”.

El alto mando militar se pronunció en apoyo al oficialista en atención “a la voz del pueblo” y al grito “patria socialista, viviremos y venceremos”, con el puño elevado en el aire. Este pronunciamiento fue el claro a manifestación de que la dictadura es cívico-militar de ideología castro-comunista. Y por supuesto, fue la advertencia a los civiles de que debemos observar buena conducta y soportar el peso de la bota traidora y servil a Cuba. Molero y más Barrientos, se comportaron como militantes del partido del gobierno que patrocina la invasión cubana.

Pero la burda jugada del régimen y su dependencia electoral bajo la presidencia de la revolucionaria Tibisay Lucena es la más grave equivocación política e histórica que han podido cometer. Es sin duda el suicidio político de chavismo pues lo despoja del remanente de legitimidad que le restaba. Las costuras del fraude son visibles a años luz de distancia. La tramoya carece de verosimilitud. De haber aceptado la derrota, por grande que fuera, el chavismo se garantizaba una cuota de poder político legítimo, el control de la Asamblea Nacional y el TSJ, por lo menos. Habría pasado a ser una oposición inclemente favorecida por el desastre económico que tendría que haber enfrentado la administración de Capriles, lo que posiblemente lo hubiera podido devolver al poder total en relativo corto plazo.

Sin embargo, en vez de asumir ese rol y su supervivencia política, el chavismo prefirió desacreditarse ante el país y el mundo con un fraude. Presentarse claramente ante la Humanidad como un movimiento deslegitimado y delincuente, lo cual necesariamente implica su destrucción. 

Recordemos la tesis de la secta fanática destructiva con liderazgo sociopático del psiquiatra Franzel Delgado Senior. De acuerdo a esta, una vez desaparecido el líder único e insustituible (Chávez), la secta se desintegra. En cierta forma, se autodestruye. Sumado a esto, tenemos entonces el efecto destructivo de deslegitimarse. Es patente que no hubo festejos del pueblo chavista aun en sectores de amplio dominio de esta tendencia; está consciente de que su triunfo es fraudulento. El pueblo no es tonto.

Si el régimen no acepta la auditoría del 100% de las urnas y boletas exigida por nuestro líder, estaremos en presencia de una inequívoca confesión de fraude. Esto no admitiría otra interpretación. Ya ha habido denuncias con toda clase de pruebas incluyendo las fotográficas de urnas robadas y botadas como basura en diversas zonas del país. La pérdida de cajas y falta de coincidencia con actas, precintos, etc. serán también prueba de fraude. Ya el jefe de la campaña oficialista, el psiquiatra Jorge Rodríguez, una de las personalidades más tenebrosas del régimen, anunció que no aceptarían la auditoría. Los tentáculos de este personaje se prolongan hasta el CNE, del cual fue presidente en algunos de los episodios más oscuros de la dictadura. Su pronunciamiento como ya he expresado, equivale a admisión de fraude.

El gobierno del ilegítimo Maduro, aun si las cifras oficiales fueren ciertas, enfrenta problemas de gobernabilidad. No luce razonable que pueda aplastar a no menos del 50% del país e imponerle una revolución, un cambio de sistema político sin consecuencias negativas para sí mismo. Para complicarle las cosas, tendrá que enfrentar la peor crisis económica que ha conocido Venezuela en su historia moderna, lo que inevitablemente disminuirá su piso político. Las perspectivas para su gestión se presentan pavorosas. En un plazo no muy lejano podría encontrarse, por lo menos, en un escenario de cuestionamiento y de referendo revocatorio. Por supuesto contaría con su CNE servil, pero más fraudes solo le complicarían el panorama.

Por lo demás, la conducta del gobierno era prevista. No hay sorpresa en la comisión de este crimen electoral que por cierto tiene carácter de delito de violación de Derechos Humanos, lo que hace a los responsables acreedores de un viaje sin retorno a La Haya.

Ahora resta a los líderes de la oposición convocar a las acciones de calle y protestas pacíficas, no violentas, para exigir el respeto a los derechos electorales, la verificación de las auditorías y el reclamo de las irregularidades que pudieren detectarse.

Para concluir, a riesgo de sonar excesivamente optimista, podemos afirmar que dentro de todos los escenarios posibles esta transgresión del régimen es el mejor, a pesar de los difíciles tiempos que se avecinan, en los que es previsible se desatará represión en magnitud que no conocía nuestra sociedad. No obstante, es altamente probable que –como organismo que porta el germen de su propia destrucción- los desafueros y crímenes que cometa el régimen solamente complicarán su supervivencia. Los criminales han quedado en evidencia ante la civilización, de este hecho no se recuperarán.

Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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